De libertad… ni pío

Posted by freak , Thursday, November 11, 2010 4:23 PM

Cuando las Torres Gemelas fueron atacadas y el mundo posó su interés en el Medio Oriente en países asajistanescos (Kazajistán, Afganistán, Pakistán) nos auto nombramos jueces y críticos de sus culturas. Estaban locos todos ellos, con sus turbantes, por lo poco aseados que nos parecían y además: ¿cómo viven en esos desiertos?

Las pocas y pobres ciudades que tenían las veíamos iluminadas de noche, no de una manera romántica como París, sino por las bombas que el gran emperador Americano en venganza y en la “búsqueda” de Osama Bin Laden hacía explotar sin importar civiles.

En medio de todo eso, otro aspecto del Medio Oriente salió a relucir: la burka. Para mujeres del Occidente, esto no es más que un instrumento de tortura. Estamos acostumbradas, la mayoría, a vestir como queramos, a lucir nuestro mejor traje. Pero eso, que a mí al principio debo admitirlo me parecía un toldo más que un vestido, es un instrumento de cultura. Para muchas mujeres fue impuesto, y la llegada de Estados Unidos y la tumbada de Sadam Hussein las liberó, pero otras siguen con eso, porque es su cultura y creen en ella. Entonces en nuestro papel de críticos y criticones les decimos locas y sumisas.

Del Medio Oriente y su guerra santa eterna se ha hablado mucho, los colombianos nos estresamos por las nuestras, pero qué diríamos si Europa, madre de la cultura, los derechos y el progreso se estuviera pasatraseando y diciéndole a sus ciudadanos: usted no puede.

Pues precisamente casi me da algo cuando leí, noticia chiquita del rincón olvidado del periódico, que un pueblito italiano quiere prohibir la minifalda y los escotes. Y vuelven los juicios, “es que es inmoral” dice el Alcalde de la ciudad que quiere prohibirlo. ¿Pero quién lo nombró a él juez del buen vestir?

No he sido muy amiga nunca de ninguna de las dos anteriores. Para usar minifalda hay que tener buena pierna y para escote hay que tener buenas… Pero que yo diga “no quiero” a que me digan “no puede” hay un mundo de diferencia: el mundo del “yo-hago-lo-que-quiera”. Ese mundo lo ganamos con la Revolución Francesa y los derechos humanos. ¿A quién le importa cómo yo me vista?

El vestirnos como nos dé la gana, mal o bien, es nuestro derecho. Para todos. Si uno escoge ponerse un turbante, una burka, porque cree en ello, o un vestido sexy, pues es cosa de uno ¿no?

Ambos casos son extremos. Juzgamos el estar cubiertos de pies a cabeza, con la prohibición de mostrar lo más mínimo de piel, y juzgamos cuando se muestra “demasiada” piel. La libertad debería de ser de uno. Del juicio personal si uno quiere o no. Por eso se le llama libertad. Pero como tenemos también la libertad de rajar del otro, también hacemos esa, y el asunto de las libertades se vuelve un ciclo vicioso.

Por eso es que yo digo, que de libertad a libertad nos dieron mucha, y de Libertad de la que habla el Himno Nacional no queda ni pío.